En la opinión de Alfredo
Alfredo González González
C uando se hace énfasis sobre un tema en los medios de comunicación existe un doble efecto que el más de las ocasiones el lector o el autorio centra su interés en una de las vertientes.
I ndudablemente que en estos días de semana mayor se le dio una importancia al personaje que representa al mal como antes no se había hecho. Desde niños nos asustan con el ‘’coco’’ y la más elemental noticia que tenemos es que cuando el supremo hacedor creo a su corte de ángeles destaco a uno como el más bello: luzbel, que quiere decir ángel de luz. Obviamente la creación casi perfecta llevo a luzbel a llenarse de soberbia y se quiso poner al tú con el supremo hacedor. Dios le ordeno a San Miguel Arcángel que con su espada de fuego lo arrojara del cielo hasta lo más profundo del infierno.
M ás allá de la simple relatoría tiene enorme significado de que la perfección solamente existe en Dios y que la soberbia es el polo opuesto a la humildad que es donde radica la grandeza.
A sí, somos pocos los que razonamos en que el malo no son los adefesios que nos presentan con cuernos, cola de ratas y todo lo horripilante que pueda existir. El papa se refirió a los sacerdotes pederastas, Hitler, Mussolini, Nerón y Calígula, fueron negaciones de Dios porque asesinaron a millones de personas. No podríamos pensar que el comportamiento de estos sátrapas de alguna forma o de muchas son las manifestaciones diabólicas a través de un poder pues los emperadores romanos antes mencionados se decían ser hijos de Dios y los otros querían el dominio del mundo cometiendo genocidios donde sacrificaron a niños, mujeres y ancianos
R esulta que la ausencia de valores es el detonante que lleva a la ambición, al deterioro de todo aquello que puede armonizar en el universo. En política hay quienes ordenaron muertes como la de Colosio, Madero, Carranza, Obregón, Luther King, Los Kennedy’s, Gandhi, Nasser y todos aquellos que buscaban un mundo mejor. La corrupción política llevada a cabo por unos cuantos pobres diablos que piensan que en el ataúd les van a echar todo el producto a sus rapiñas obtenidas con el dolor de los pobres y el llanto de los inocentes.
R uin resulta no decir que la humanidad no ha entendido. Moisés en las alturas del monte Sinaí le fueron entregados las tablas, en el decálogo, los diez mandamientos que son un tratado sociológico que a veces ni aquellos educados bajo las disciplinas rígidas de la filosofía, teología, historia sagrada, meditación que conforman a un ser humano que se le puede considerar hombre de Dios, han observado esos diez mandamientos y ello ha hecho crisis en aquellos sacerdotes y claro esta no son todos, que han abusado de la inocencia y del candor. Claro, que el diablo existe porque lo aderezan los secuestros los asesinatos, la mujer que le saco los ojos a su hijo de siete años con una cuchara. En fin todos estuvimos atentos a una promoción que se le hizo al diablo cuando hay atentados terroristas que lo representan muy buen.
O jala que algún día, dediquemos a pensar que todo se reduce a educar, a enseñar, a practicar los valores, a aplicar los recursos financieros a las obras a favorecer a los que menos tienen, que ya no se extravíen incomprensivamente 43 jóvenes normalistas y no podamos darle una explicación a sus padres, que no existan los traficantes de órganos, que se acaben las guerras frías y que estemos en paz con Dios y con nuestros semejantes.
N o soy la madre Teresa de Calcuta, no soy meretriz arrepentida, no soy el hombre más virtuoso del universo. Pero parece que no hemos querido entender las clarinadas cuando estamos poniendo de cabeza al planeta con terremotos, tsunamis, la contaminación del ambiente con los huecos en la capa de ozono, con la minería toxica. Todo lo que Dios hizo en la naturaleza tiene un por qué. Un buen amigo me decía que la Tercera Guerra Mundial no va a ser por el petróleo, si no por el agua. Como siempre, nuestros queridos lectores tienen la razón.