ECO PENINSULAR
• Lastimada la parte sur de la entidad.
• Deben afinarse algunas cosas sobre todo lugares de alto riesgo.
Alfredo González González.
Como todo lo temíamos, llegó Lidia con su mensaje de algunas muertes, destrucción de vías de comunicación y con pérdidas sustanciales sobre todo en el sur del Edo. Las pérdidas materiales, como insistió el gobernante Mendoza Davis, mucho antes de la presencia de la tormenta tropical, se restituye pero la vida de seres humanos esa no retorna. Sentimos la desazón y nos unimos a la angustia de nuestros hermanos cabeños, quizá por ello sea menester hacer algunos apuntamientos.
Cuando el ciclón Lisa un 30 de septiembre, personalmente quien era el comandante de la zona militar, el general Antonio Riviello Bazán acudió a una asentamiento humano de alto riesgo. Les habló en buenos términos y les pidió que por favor abandonaran sus domicilios.
Ante la incapacidad de cargar con todo lo adquirido como televisores modestos, radios, estufas, camas, etc. Pues muchos prefirieron quedarse para no ser objeto de la rapiña y los resultados fueron desastrosos.
Dijo un habitante cabeño: No caía tanta agua desde el año de 1933, creo que se llamaban crecientes, que iban aumentar el caudal de los arroyos.
El agua en tales cantidades busca el cauce natural, si no lo tiene va a encontrar otro. Los miles de litro por metro cuadrado desde luego que encontraron puntos de arrastre de impactos precisamente en esos lugares de alto riesgo.
Seguidamente leemos a columnistas, o a declaraciones de titulares relacionados con el agua, instando a la gente que abandone los lugares que son un alto peligro sobre todo en temporadas de meteoros.
Es cierto, nosotros no nos vamos a ensañar con los humildes que a diario llegan sobre todo al municipio de Los Cabos, porque en sus lugares de origen de un pedazo de piedra donde construir sus modestos hogares.
Al extremo sur de la península llega un promedio de 300 a 400 gentes, que de momento, no tendrán empleo y desde luego ingresos y donde guarecerse.
De momento ven un terreno, plantan los techos, pero esos terrenos están vacíos precisamente por el problema que representan.
No sustraemos al dolor que sufren aquellos que perdieron a sus seres queridos, o a ese niño de dos años. No podemos encontrar un culpable, lo que si podemos es elaborar una ley al menos que obligadamente tengan que abandonar esos lugares en las antesalas de ciclones, huracanes, tormentas tropicales, porque tiene que haber un remedio para la pérdida de vidas humanas, y aunque sea ir contra la voluntad de dejar las pertenencias de la gente que nos referimos, yo no le veo otro camino.
Los puentes, los accesos, los caminos de las comunidades rurales, se habrán de reparar, pero esto es lo material. El consejo de seguridad dio las alertas y afortunadamente los 3 municipios que tocó la tormenta tropical, si hubo problemas fueron de carácter material.
Sin embargo la presencia de presidente de la República, del secretario de gobernación, del gobernador del estado y el presidente municipal, habrá de reunificar los esfuerzos y levantar lo que haya menester hacer.
Es doloroso, que se pierdan vidas pero sin que esto ofenda la memoria de nadie, también, es de suma importancia que se haga caso a las recomendaciones. Todas las instituciones incorporadas también como el ejército y la armada, la policía federal, estatal y municipal.
Las experiencias a veces son dolorosas, el no tocar alambres de alta tensión, en no salir en últimos instantes al refugio, el tener cuidado con las criaturas de brazos a estas alturas son experiencias amargas. No sé si a estas alturas todavía existan gentes en los terrenos de alto riesgo, si los hay, deben irlos dejando para que haya un reubicación si no las hay, demos gracias a Dios porque si no las victimas hubieran sido de mayor número.
Finalmente, todos aunque en apariencia tengamos casas que puedan resistir de alguna manera debemos revisarlas antes y después de un meteoro porque no sabemos en qué condiciones quedaron y evitar el desplome de paredes. En fin, la federación debe meter el broche de seguridad a todos aquellos aspectos que no lo pueda hacer el Estado o el municipio, es la segunda experiencia para el señor presidente y en el Odile fue dramático porque allí ni siquiera se le vio por alguna parte al entonces presidente municipal de Los Cabos.