ECO PENINSULAR
Alfredo González Gonzàlez
Cuando las lágrimas se congelan.
Fallece trágicamente Lupita Márquez Orozco de Galindo.
Esta es de las únicas despedidas que no me hubiese deseado hacer. Quiero empezarlo con el poema de Nezahualcóyotl, rey de Texcoco y exquisito poeta quien en dos cuartetas expresa todo el amor de hijo hacia su madre:
Madre mía, cuando muera
Entiérrenme en el hogar
Y al hacer el pan espera
Y por mi ponte a llorar
Y si alguien se empeña
En saber la causa de tu penar
Dile que la leña es verde
Y el humo te hace llorar.
Lupita Márquez Orozco de Galindo nació entre el verdor de las huertas y el bramido del pacífico todosanteño. De extracción sublimemente humilde es hija de RamónMárquez y Rosario Gonzàlez de Márquez. Perteneciente a una dinastía de maestros siendo María Teresa la única que se dedicó a las actividades burocráticas. Contrajo matrimonio con el Profesor Eduardo Galindo Domínguez quien falleció trágicamente. Quedó viuda muy joven ya procreados Alma California, Margarita, Eduardo y Nubia.
Enfrentó la vida y se incorporó a la brigada de maestros que dirigía la escuela Jaime Nuno. Su hermano Ramón de quien tambièn mucho aprendimos, era de los maestros que no solamente enseñaba en el aula. Con él aprendimos conocimientos básicos de albañilería, a construir canchas, a organizar torneos de básquetbol para darle distracción a la juventud del pueblo de San Felipe, B.C, a convocar a concursos del aula mejor arreglada, organizar equipos de béisbol infantil y llevarlos hasta el país del norte a contender en Arcadia California. Si para la familia de Lupe Márquez Orozco de Galindo ha sido un golpe espantoso, para la nuestra y todos sus amigos, que suman muchos, tanto en el Estado Norte, como en el nuestro ha sido un hachazo.
El primer golpe espiritual que recibí fue el accidente fatal de su esposo Eduardo quien era como un hermano. Un servidor pidió a la novia y al nacer la hija mayor, creyó prudente rendir honores a su tierra de origen, poniéndole el nombre de Alma California y a quien me entregó como hija espiritual para llevarla a la pila bautismal.
Una maestra entrona, dedicada, mujer honesta y ejemplo digno para sus hijos y nietos. En los últimos tiempos el pequeño sátrapa que gobierna el estado vecino, suspendió el sueldo por tres meses al magisterio, incluyendo a pensionados y jubilados. Entre otras acciones que se desarrollaron fue un mensaje de Lupita que se estuvo trasmitiendo en redes sociales donde acusaba con toda valentía a quien olvidó la primera necesidad de todo trabajador es dar el alimento y vestido de sus hijos.
Querida y respetada por tirios y troyanos, se entregó de lleno a la formación de sus hijos, a profesar su fe en forma sistemática y creía en la oración como la mejor medicina para no desmayar en las veredas escabrosas de la tragedia, de la necesidad y hasta del infortunio.
Fue una mujer emprendedora y gracias a Dios todos sus hijos han sido socialmente productivos. Sus hermanos Zacarías, MaríaTeresa y Ramón junto con ella siempre llevaron en la frente la dignidad de haber habitado una casita de madera por la calle 16 de septiembre y lucharon, pero tambièn conservaron el orgullo y la altivez derivado del porte distinguido de Doña Rosario y la modestia de Don Ramón.
Tuvo otros atributos. Su corazón bondadoso la llevaba a representar el papel de hermana y madre para quienes no encontrábamos lejos del lugar de origen. Aún recuerdo esas tardes otoñales cuando en la charla servía el café de grano y las empanadas que le enseño a hacer su señora madre.
No podemos negar que en nuestro hogar nos sentimos ateridos, atravesados por la espada de la nostalgia y el dolor, porque Lupita Márquez Orozco de Galindo fue una estrella luminosa que de repente se apagó dejándonos a oscuras en una realidad que cuando la encontrábamos se iluminaba con su bondad, cariño de hermana y esa amistad que precisamente se convirtió en fraternidad, anda Lupita, ve con Dios.
El pensamiento del día:
“TODOS JUNTOS EN EL CONVIVIO ETERNO”.