ECO PENINSULAR
Alfredo González González
Guillermo Mercado: el tiempo da su justo lugar.
Horas antes del último informe de gobierno del Lic. Guillermo Mercado Romero, una turbamulta de “intelectuales de izquierda” se habían apoderado de las instalaciones del Congreso del Estado. La consigna era clara: sembraban la cizaña para abrirle el camino al mesías de Santiago. Sería aventurado decir que Guillermo lo hizo muy bien o que lo hizo muy mal, pero al menos en política se cuidaban las formas y tal parece que ahora la historia vuelve a repetirse.
El gobernante de la época recibió toda clase de ofensas, de parte de una izquierda enfermiza que después fue enseñando su verdadero rostro. Se incubó el odio a tal grado que casi llega al linchamiento político.
La estrategia era sembrar un odio indescriptible a un hombre a quien si algo lo distinguió fue dar la oportunidad a pintos y colorados. Quizá porque Guillermo pensaba que en todos los partidos políticos había personas de valía.
Seguramente cometió errores. En el trayecto del camino enfrentó problemas, pero jamás arrinconó a sus hermanos. Quizá el error de Mercado fue la confianza desmedida en quien debió haber enfrentado con decisión y coraje aquel maremágnum de estupideces.
Llegó a tal grado aquel pandemónium que hasta el señor obispo quien era invitado especial, avergonzado de esta conducta, abandonó el recinto. En ese momento recordé las palabras del General Manuel Márquez de León: la ofensa no es para quien la recibe, sino para quien la infiere injustamente.”(SIC).
Se usa la herramienta del insulto y de la ofensa quizá porque quien las lanza, es rupestre, no les da para más. La historia vuelve a repetirse. Hay quienes prefieren en el anonimato de las concentraciones dar rienda suelta a un coraje esquizofrénico y esto no los hace más fuertes ni más razonables.
Conocí a uno de los más bravos, que por consideración no cito su nombre. En cierta ocasión una noche de brindis, ofendió de palabra al antecesor de Guillermo. Al día siguiente se presentó en palacio de gobierno y corrió a abrazarlo pidiéndole perdón sobre el hombro.
Pero el boomerang de la justicia tomó su tiempo y de pronto llega intempestivamente y ornamenta a Guillermo con un documento que lo declara Dr. Honoris Causa de una institución educativa de los Estados Unidos, lo que dignifica no solamente a Guillermo Mercado, sino a su esposa, hijos, nietos y amigos.
Por otro lado, al parecer se está calentando el cotarro ya que en la parte Sur del Estado continúa la intransigencia del cacicazgo del volante al organizar operativos contra los propietarios de UBER, de ahí que Carlos Mendoza Davis esté instando para que le den agilidad a la Ley de Movilidad, antes que se propicien sucesos que lamentar.
Si esto acontece, en cuestiones que ya se deben de dictaminar no sabemos porque tienen en el Congreso del Estado bajo cero la postura del gobernante. No se puede hacer justicia saliéndose de la civilidad y enarbolando injusticias que no llegarán a ningún lado.
Guillermo Mercado Romero ya fue juzgado por la historia política de este pueblo y con un solo hecho demostró que las cosas no las hizo tan mal como se insistió. Ahora que si la solución de del conflicto entre taxis y UBER son las técnicas de convencimiento basadas en la violencia, preparémonos.
En repetidas ocasiones y aquí es donde estála ironía, López Obrador ha dicho que nada por la fuerza, sino por la razón. Nadie por poderoso que sea cuando se le ha concedido un poder puede hacer lo que le viene en gana. La solución se encuentra entre los legisladores antes de que la sangre llegue al río.
El pensamiento del día:
“GUILLERMO MERCADO, DIGNIFICADO. Y EN CUANTO AL TRANSPORTE PÙBLICO, QUIEN MEJOR OFREZCA SERVICIO CON GENTE EDUCADA, SON LOS QUE DEBEN DE ESTAR AL SERVICIO DEL PUEBLO”.