ECO PENINSULAR
¡CHIDO!
ESTABAN DIALOGANDO CON LA VIDA.
EL DESPERTAR DEL CÍCLICO.
Alfredo González González.
El cabello largo le caía sobre los hombros, parecía una cascada trunca. Enjuto por el ayuno sistemático, semejaba un palo fierro corrioso. Sus ojos acusaban una gran melancolía, mucha insatisfacción y menosprecio por la vida, le iban ocupando gran parte de su tiempo…
Diremos que se llama Alberto. Su lugar era un bar llamada “El cotorro Navegante”, incrustado en una subida frente a la cual fue asesinado hace mucho tiempo Margarito Sández, autor de la letra de Costa Azul…. Sultana occidental abanicada por la gentil palmera regional”… ¿Cuántas veces extravió la mirada hacia el punto del horizonte donde más allá de la bahía parecía juntarse el mar con la montaña?- Oye Güey, ¿A poco no es chido el paisaje?- Simón. Es pura vida. ¿Para qué se andarán pegando en la madre Bush y Hussein? ¿A quién le vas? – Nel. Repuso Arturo. Yo le apuesto a la chaviza, a los niños, a las morras.
Aquél par de jóvenes, iniciaban la charla con prolongada duración, combinando el castellano con algunos modismos ya incorporados al idioma y algo de caliche. Los sorbos de Vodka eran generosos y por instantes parecía que se les aclaraba la luz del pensamiento. – Fíjate ñero que mi jefe quiere que yo estudie derecho. ¿Yo? ¡Ni madres! ¿Pá qué?- ¿Cómo que pá qué? Para que te prepares y ganes el puro billete. – Yo quiero volar como las aves, ser libre, no quiero que me lacen como cochino y los maestros me sometan a sus ideologías personales.- ¡No hombre! – Simón. No deberían dejar desmenuzar la materia gris. Uno habla de un mentado lenón, de ese otro que lleva nombre de carro gringo, que si los capitalistas, que si los socialistas, que si los globalizadores. – No es lenón, es Lenin, y el del carro es Lincoln. – Los que sean, cada chango jala pá su mecate.
Los brindis se sucedían uno tras otros. Custodiaban con fuerza su juventud y la reciedumbre de sus hígados. Sus mentes perfilaban el sentir de sus veinte años. Se revelaban como aquellos bisoños británicos que se hundían en el exceso de las pasiones al advertir que las ojivas nucleares de Moscú apuntaban hacia Londres.
Fue la época de los jóvenes chinos masacrados en la plaza de la capital nacional, seguida de la inquietud juvenil francesa, hasta llegar a la plaza de las tres culturas en Tlatelolco, donde se honró a Huitzilopochtli, Dios de la Guerra que recibió una de las mayores ofrendas sangrientas con el sacrificio de miles de jóvenes, de esos que no entienden de negociaciones en lo oscuro y que miran de frente a la vida.
Son las alas del viento que viajó a Europa, a Asia y al Continente Americano. Fue el comunicado espiritual de las primeras contracciones de protesta. Esa interacción de los muchachos privilegiaron los periódicos grandotes y la caja de los imbéciles bajo los rubros es una conspiración comunista… En peligro la estabilidad nacional. Son los ateos y descreídos de siempre…
Nunca se escribió en las columnas del pensamiento de los desaparecidos, de los torturados, de los muertos. El oprobio del silencio de los queriditos y queriditas. El silencio enalteció aún más al idealismode los estudiantes y de quienes estaban al frente de la casa de estudios, luchando por la autonomía universitaria. Alberto volvió a la carga: – Güey, ¿No vale más la apuesta del güero (sol) que la vida de los impunes? – ¿Cuáles impunes? – Los de cuello blanco, los lamidos, los que tienen retratos del Che, en oficinas burguesas, los que se orinan a gotitas nomas que el güerito les truena los dedos”… – No, pos sí. – Se asustan y nos critican porque traemos la greña larga. ¿Y Jesús y los francesitos con pelucas platinadas, y Juan el Bautista, y Colón, y Einstein?
La reflexión era válida. No podían campear los formalismos, sino la razón diáfana, sin imposiciones directa sin artificios. Era una especie de contragolpe para los laberintos de la expresión oral extraviada con la escritura llenos de eufonías maquillando la demagogia cáncer de la sociedad de este país. – ¿Te acuerdas de Díaz Ordaz? – ¿Cómo no me voy a acordar? Es el pinche viejito aquel cascarrabias y neurótico que se hizo famoso la Tigresa en un libro titulado “A Calzón Quitado”, donde relata que un secretario de gobernación, le llevaba las cajas de chocolates al Desierto de los Leones. – Esas son las momias que comen la moral y eructan inmoralidades y ordenaron la masacre de los compañeros.
Alberto y Arturo abandonaron “El Cotorro Navegante”, y se internaron en las angostas calles del puerto. La densidad del silencio nocturno se engarruñaba en sus huesos. La fraternidad arreciaba y ratificaban su amistad hasta el ataque epiléptico. ¡Cómo se antoja un bisté de esos con espesadura que preparaba años atrás el güero de La Preferida! guarida de noctámbulos para atacar el menudo o el pozole al empezar a caer la madrugada
La patrulla los interceptó, oportunamente y a empellones los metieron a una unidad municipal… ¿Con que cocaína no? Los jóvenes quedaron estupefactos. No lo podían creer. El murmullo de la pareja de oficiales fue suficiente para escuchar: – ¡Apúrate, nos quedan cinco grapas para cargar a otros pinches greñudos!
Se cumplía el titular de Alejandro Cronin, de que, las estrellas miran hacia abajo, tan lejanas y tan frías para aquel par de muchachos ensombrecidos por la turbiedad de la madrugada. Ajados y humillados, retroalimentaban sus emociones y sentimientos.
Es la agonía crepuscular. No más generaciones perdidas. Los cementerios londinenses, soviéticos, franceses, chinos y mexicanos decoran sus horizontes con la sentencia apocalíptica enseñoreada con los jóvenes iraníes que ahora observan al oscurecimiento del sol y la luna se torna sangrienta.
Es el cementerio de los quijotes juveniles, la debacle de viejos dioses llenos de herrumbre, es la llama votiva del bisoño sacrificado una y otra vez, pero renuente a tomar la mortaja del abuso de los malandres y los mercaderes que amaron las cruces con el silencio de la perfidia y las conciencias emputecidas, que ayer como ahora son condecorados con medallas al mérito de los bufones de la corte.
Es Alberto y Raúl, preparándose para el devenir. Fortalecidos por sus afanes donde tiene cabida queriditas y queriditos. Que aplaudieron y aplauden a la ignominia, prestos a la recolección de las migajas en el banquete nocturno de la histeria demagógica; Con las ovaciones de quienes entornan hosannas a la venganza, la persecución y el rencor de los patológicos.
Alberto y Raúl tras la reja caminaron a través de la reflexión. La inmundicia del confinamiento era mucho menos que la impunidad de los nepóticos y mal paridos… Y en silencio se quedaron dialogando con la vida…










