Entre las olas emplumadas.
Hace alrededor de 60 años y más me encontraba en Mazatlán, Sinaloa después de una jalada de juventud le recordé al mundo. El combustible “económico” no nos había dado para más que para llegar al bello puerto ya mencionado. Por deducción esperábamos encontrar gente conocida de La Paz a ver si podíamos trasladarnos a este puerto.
¿Cuál sería nuestra sorpresa? Que ahí estaba un hombre alto de color firme del barrio bravo del esterito, se trataba de Rodolfo Gracia quien había llenado el bote de su padre al que le decían “el Tellete” que dicho sea de paso fue el clero moreno quien dijo como se había formado el vocablo ya que el personaje en cuestión, el papa de Rodolfo, se había refugiado con su abuelita en el barrio del manglito y cuando le pedía la infusión o sea, el infusión del T, como estaba muy niño le decía T-E-L-L-E-T-E y así le quedo.
Rodolfo fue el Teyete ll y lo conocía a través de su hermano Enrique quien resultó el Teyete lll.
Nos dimos un abrazo. Le explique, y le dije que andaba más gastado que el lobo feroz. Entonces me dijo: esto es todo lo que tengo. Dije para mis adentros que seguramente me va a dar algunos billetes para que completara el pasaje en algún barco de pasajeros. Cuando con el índice señalo un enorme barco y me dijo: soy el capitán de ese barco. Súbele.
La amistad con Rodolfo me hacía disfrutar de la cabina de los oficiales. Buen pan hecho a bordo, buen café, platillos a base de mariscos y generosas jarras de refrescos.
El barco había zarpado al medio día y alrededor de las dos de la tarde un marinero le dijo: capi, dice el de guardia que venga a observar algo. Vamos, me dijo, entonces se vio que las olas golpeaban de forma leve el barco, no era una cosa rara debido al lugar en el que estábamos, luego volteo hacia uno de los puntos cardinales y vio que las olas se iban acercando lenta pero paulatinamente, pero emplumadas (termino marino que significa que está soplando un aire fuerte que impulsa el agua hacia arriba). Rodolfo se quitó su gorra, se raspo la cabeza y nomas dijo: Huunn. , entonces en ese momento el telegrafista la entrega un radiograma que decía que una tormenta se acercaba, cuando le pregunto si porque no lo comentaba antes, dijo que era un fenómeno intempestivo, depende de la temperatura de las aguas, así que se escuchó el tono de una campana y se reunió el personal y en la proa les dijo: señores, en un parte del atardecer vamos a tener baile, así que cada quien agarre a su bailadora, o sea, que cada quien se ponga en sus puestos, y agrego: yo no soy responsable de la tormenta que viene en camino pero si soy responsable de llevar el buque a su destino y a mi gente conmigo. Me echaba un brazo en el hombre y el teniente decía: no pasa nada, no pasa nada.
Todos a sus puestos, chalecos salvavidas, personal para caso de emergencia, en fin todo lo que pudiera suceder en un naufragio, fueron a la cabina de mando y en una mesa especial abrieron un mapa náutico con la coordenadas que había mandado el sistema de radiotelegrafista y mando por el hombre más viejo de todos que era un lobo marino y le decía: Rodolfo, podemos girar tantos grados y el viejo le dijo que era posible, pero su padre le decía que había escollera, mejor vamos tirando un poquito más hacia la izquierda.
Efectivamente antes del atardecer se empezó a tambalear el barco pero las manos firmes del teniente lo mantuvo, si lo hubiera llevado de frente una de las olas lo hubiera sumergido y ya no hubiera salido, cuando entramos a las aguas tranquilas del golfo de California llamo a los marinosy les dijo que les agradecía el cumplimiento de cada uno de ellos que lograron evadir un problema con la fe en Dios y su fortaleza.
Entonces se oyó una voz de atrás que más bien fue un grito: ¡Capitaaaaan! Y gritaron ¡buen viento y buena mar!