Sergio Aguilar Lucero: Adiós a las armas.
por: Alfredo González González
Uno de los hombres más intensos de la literatura norteamericana fue Ernest Hemingway, autor de varios textos: El Vejo y el Mar, Por Quién Doblan las Campanas, Adiós a las Armas, etc.
Durante la primera guerra mundial milagrosamente salvó su vida y estuvo a punto de perder una pierna. Ahí fue donde germino en su mente el título de una de sus obras: “Adiós a las Armas” que hoy dice adiós Sergio a su patria y tierra de origen. El capitán Sergio Aguilar Lucero miembro de una de las familias más tradicionalistas de la entidad fue un distinguido miembro del ejército mexicano, estuvo en guardias presidenciales, era el abanderado en los desfiles cívico-militares por su presencia física y sus notas sobresalientes y una disciplina a toda prueba. Alguna vez platicando con el me comentaba que se sentía también orgulloso de que sus antecedentes familiares se habían distinguido por dedicarse a la ganadería en el poblado del Triunfo.
La amistad se reafirmó cuando fue uno de los elementos dinámicos capaces en el cerezo de La Paz al pendiente de la Dirección General de Prevención y Readaptación Social, institución clasificada como la tercera en la república mexicana por sus programas en la aplicación de las terapias de rehabilitación.
Creativo. Había que verlo con la coordinación de los carros alegóricos, tarea encomendada a Sergio y a Luis Romero Delgado, la columna del desfile. Para conmemorar el aniversario de la Revolución Mexicana en un tracto-camión en la plataforma se simularon los arcos para simbolizar la UABCS, iba el maestro soldador con un interno con su soplete, iba una dama hermosa que aparece en los libros de texto gratuitos siendo coronada por los laureles por el interno que mejor conducta tenia, otro hacia la parte derecha inferior, otro interno, sobre un atril simulando a Madero y la mano con un libro titulado: Plan de San Luis Potosí. Al frente de la cabina del camión una estrofa del himno nacional mexicano: si el recuerdo de antiguas hazañas- de tus hijos inflama la mente- los laureles del triunfo en tu frente-volverán inmortales a ornar”, una rondalla compuesta por 17 guitarras, dos requintos, un bajo, un acordeón, ensayados por el maestro Miguel Ángel Norzagaray. Aguilar Lucero era responsable de esa parte del desfile. Habrían bastoneros de la escuela Normal Urbana, y seguían los equipos de básquetbol, beisbol y vóleibol.
De los 400 internos que habían salieron a desfilar un promedio de 180. Ni uno se evadió. Salvo de Gaulle, que un aniversario de la revolución francesa hizo lo propio únicamente con los ladrones.
Antes de concluir nuestra misión me hizo el honor de que confirmara a Carlos Eduardo su hijo y mi padre a su vez habría utilizado a Rómulo su hermano. Había pues razones fundamentales para estimarnos y respetarnos, formó una bella familia y de esta tribuna informativa enviamos un saludo a su hijo Carlos y a su esposa María Teresa quienes deben de estar orgullosos de quien fue parte de una hermosa huella que dejó en su paso por el mundo. Por esas razones seleccionamos unos fragmentos de la letra del toque de silencio para nuestro hermano ausente:
El día ha terminado
Fue el sol de los cielos
De las colinas y de los lagos
Todo está bien, Dios está cerca
La luz tenue oscurece la vista
Y la estrella embellece el cielo
Brillando las estrellas desde lejos
Oscurece la noche
Agradecimientos y alabanzas por nuestros días
Así vamos
Pero está cerca Dios.
¡Capitán Sergio Aguilar Lucero: su misión ha terminado. Hora de irse a descansar, ha cumplido con su deber!