ECO PENINSULAR
• Ecos del Congreso. • La moraleja de Diógenes. • México: antes y después de Colosio. • Un país, ya con profundas grietas.
Alfredo González González.
El tema de este jueves, que se escribe el martes 23 de julio. Por ejemplo leía en un rotativo local, las declaraciones del legislador Rigoberto Murillo Aguilar en el sentido que será a la reanudación de las sesiones ordinarias, cuando se le dé solución a la Ley de Movilidad, la cual esté a tono con las necesidades de la población.
En otras palabras, un traje cortado a la medida, no sin antes haber escuchado diversas opiniones, cambiado impresiones con sus homólogos y diversos sectores de la población para dar un paso a esta naturaleza. Ojalá con esto se acaben incertidumbres sobre todo en el sur del Estado, donde se han cometido excesos, olvidándose que el sol sale para todos.
De ese pensamiento pasé a recordar a un filósofo de nombre Diógenes, ese señor de la lámpara que vivía con lo necesario, porque no requería de lo superfluo. Un buen día se apersonó con el filósofo de la escuela de los “cínicos” (entiéndase el vocablo no en forma despectiva), para solicitarle dada la inteligencia y sabiduría del personaje, que era su deseo se convirtiera en preceptor de su hijo. Tal solicitud planteada por el famoso guerrero Alejandro “El Grande”. A cambio le ofrecía palacios, tesoros y servidumbre.
Diógenes vivía en la soledad, su cama para descansar era la fresca y verde hojarasca de árboles milenarios, su despertar por las madrugadas eran los trinos de las aves y con dulces cantos le hacían admirar la grandeza de Dios y fortalecía su espíritu.
¿Entonces? Preguntó el guerrero. Diógenes le contestó: “Quítate de enfrente me estás estorbando los rayos de mi sol”… El gran soldado, pensativo y reflexivo se retiró diciendo: Con tanto poder y riquezas, no encuentro la certeza de que mi hijo ya adulto pueda ser un hombre sabio, humanista, y que el poder desbocado y la riqueza, también producen insatisfacciones.
Es comprensible el mensaje de Diógenes. Tal vez de algo sirva decir que a propósito de quien haya amasado incalculables fortunas, salvo las honrosas excepciones, encajan en la frase de Mario Puzo, autor de “El Padrino”: “Atrás de una gran fortuna, siempre existe un crimen”.
Por otro lado, los idus de marzo, aquél día que nadie quisiera recordar, se puso de manifiesto que de un día para otro México marcó una herida con un crimen de Estado. Así es, un México antes de Colosio, y un México después del sonorense. Con Donaldo muere la esperanza de una nueva etapa y se derramó el recipiente que enlodó a muchos mientras que los peones del ajedrez, observaban el paso de las incongruencias que engordaron física y bancariamente cuentas con la impunidad de los descastados de no muy lejanas épocas.
Por si fuera poco, se va propiciando grietas y pareciera que algunos añoran el retorno de Porfirio Díaz, encarnado en la irreflexión, dando un golpe de timón y se propicien las incipientes reelecciones. En tanto, el toma y daca, da para razonar, sacar conclusiones en el sentido de que nos hemos propuesto para propiciar odios que de ninguna manera son gratuitos.
Con la muerte de Colosio, la democracia sufre un golpe, y no solamente eso, arrastra a la juventud. A la que no hemos podido heredarles más armonía, concordia y reconocer las aptitudes y capacidades de los demás, llevando con dignidad la limitante de nuestras capacidades.
Finalmente, quisimos hacer un poco poético de rango popular, los protagonismos de algunos diputados, y que encabeza el señor Rentería.
Muy poco baten las palmas,
son nacidos en la artesa,
al atesorar riqueza,
no sirve perder el alma.
Por eso dijo Atenógenes,
con un afinado celo,
se ganó el cielo Diógenes,
sin tostonear uso del suelo.










