ECO PENINSULAR
• Duarte: Doble moral. • Platón es amigo… Pero. • ¿Ley de la mordaza? • Congreso del vecino Estado: Para reflexionar.
Alfredo González González.
La doble moral y el doble discurso, no han sido exclusividad en pasados y presentes sexenios presidenciales o trienios municipales y uno de los ejemplos más sonados es el del ex gobernador de Veracruz.
El pináculo de la injusticia es haberle reintegrado los bienes incautados, por esos vericuetos legaloides que sirven para que justifiquen las fortunas amasadas con el dolor de los inocentes. Así un juez decide regresarle los bienes que de acuerdo con lo rapiñado no justifica sus ingresos.
A los males sociales, a los que nos enfrentamos, existe el peligro que este país se convierta en la nación de los mudos. El desempeño de un funcionario público como secretario ejecutivo del consejo nacional de evaluación de la Política social, señor Gonzalo Hernández Licona, fuera despedido de su puesto desempeñado durante 14 años. Su delito es haber expresado: “Los recortes presupuestales al organismo encargado de medir la pobreza del país”, bastó, para que lo echaran fuera.
Pareciera indicar que en México solamente una persona tiene la razón y no escucha otras opiniones y según las investigaciones, López Obrador tiene más de 200 asesores, que no sirve ni para ponerlos en una esquina y nos digan quien viene.
El silencio compulsivo invita a la complicidad, pero si el ejecutivo federal recuerda el periodo clásico de la filosofía griega, seguramente sabe aquella frase de Aristóteles que habiendo sido discípulo de Platón manifestó: “Platón es amigo, pero más amiga es la verdad” (sic).
En lo personal respeto al presidente como padre, esposo, ser humano y como potestad de la República, pero como tal debe entender que el saber escuchar es una virtud. Ahora bien, el enfrentamiento con medios de comunicación y con las redes y obviamente a todos aquellos periodistas que le digan la verdad con su crudeza, en forma respetuosa, le abre un frente sensible precisamente con la prensa.
La libertad de pensamiento no es una concesión graciosa, sino una conquista que prende la mecha a partir del 14 de julio de 1789 con la Revolución francesa, con la que nacen los derechos universales del hombre, y ésta cualquiera que sea no puede ser borrada de un plumazo, sobre todo el albedrío para expresar las ideas.
Si la política contemporánea la queremos interpretar a caprichos personales y por imposiciones administrativas, sin respetar experiencias de las personas entonces hay una falta de respeto que daña a una burocracia responsable y se expone al deterioro feroz de la economía, porque no enfrentamos la realidad y esto lesiona a los de siempre, a los más jodidos y a los que están más abajo.
Así, sumándole nada más al ladrón de Duarte, la intentona de avasallar al Congreso del Estado de Baja California, y los primeros arañazos contra la libre expresión de las ideas, el país se va fragmentando. Una mala imitación de los Montesco y Capuleto de la obra de Shakespeare que tiene un triste final.
De acuerdo con el señor presidente, hace suyos las premisas del zapoteca inmortal: Nada por la fuerza, ni por encima de la ley. Lo de la no reelección es cuestión de recordar cuando Francisco Villa le dijo a Emiliano Zapata, al sentarse éste en la silla del águila: “Mi general, no se siente en esa silla porque está embrujada, cambia a los hombres” (sic).
Pensé en el valor y su porte,
para nadie es un secreto,
los sometió un decreto,
no hay tal soberanía.
-Porque así lo permitieron-
Los lazaron del pescuezo,
A diputados del norte.










