ECO PENINSULAR
Alfredo González González
Los temores de CIMARRÓN.
Una y otra vez le daba vueltas en sus madrugadas adelantadas.
Se interrogaba, ¿en dónde estará Winchester?.
Noticias que el pueblo grande había sido castigado.
Tenía medias noches adelantadas, el sueño huía y lo dejaba en la inmensidad de la noche, con sus pensamientos. Veía cruzar un hermoso mar, un aparato moderno y veloz. Contemplaba en su sueño los tintes del amanecer, esa grandeza de la obra de Dios, por lo que después supo que los llaman F-27, aviones de combate que tienen un lema que dice: “En Dios confiamos”, como si Dios fuera el aval para invadir y violar soberanías.
Con los primeros resplandores de la gran gigante, se dirigía a un pequeño altar en un pequeño cuadro de piedra y unos montoncitos exprofeso de ocote donde decía sus oraciones. Pensaba en los fragmentos de una oración identificada como la de los morenos del bacatete: “es la voz que escucho en el viento. No permitas que se destruya todo lo que tú creaste. Dame la fuerza suficiente para vencer a mi peor enemigo, que soy yo. Permite que mis ojos vean tus atardeceres cuando va muriendo el día, como yo. Quiero llegar con los ojos limpios y sin vergüenza alguna ante ti (fragmentos de la oración Yaqui).
¿Por qué nuestro Golfo? Se fue a la cabaña en el altiplano de una sierra frente a la ciudad sagrada donde se había fundado por unos misioneros.
La inquietud lo llevó a hurgar debajo de un camastro y se encontró un listado de todas las islas de los litorales de la península compartidas con las costas de Sonora y Sinaloa. Le asaltó una enorme inquietud, porque el rasgar el espacio de tres aviones de bandera extranjera, auguraban nada bueno.
Regresó al altar cuando el ocote seguía humeando y puso las plantas en sus manos, para que se impregnaran y darse pases por el cuerpo y la cabeza. Al regresar a la cabaña, tomó un brillante Winchester 73. Probó el mecanismo de la repetición y no hubo presa alguna que a 200 o 250 metros, no cayera bajo el impacto de sus proyectiles.
Determinó, iniciar un viaje. Machaca de venado, tortillas de harina, conserva de pitahaya, botellas de café con tapón de corcho, una bolsita de panocha (piloncillo para los exquisitos, panocha y muy panocha).
El arma aceitada. Algo parecía decirle aquello de 1847 cuando la fuerza bruta nos arrebató más de 2 millones de kilómetros cuadrados. Esta es la relación de una supuesta amistad con una nación de un poderío militar donde finca sus razones los Kukuxklanes gringos.
¿En dónde encajan aquí las islas a las que hemos hecho referencia?, partiendo del punto que el murmullo día con día crece que el gobierno de la República (no podemos culpar al actual porque es un problema añejo) requiere de un decreto en el que quede claro que nuestro gobierno federal y estatal son los que deben ejercer la soberanía de esas multicitadas islas.
Antes de descender, tenía que ver a un anciano que estaba a dos jornadas a lomo de bestia por la vereda que serpenteaba a los más altos riscos de la sierra. Cubrió la ruta, estaba un viejo alto, espigado con andar de puma al acecho. Lo invitó a pasar al corredor y ahí Cimarrón le dijo dese su ronco pecho sobre el temor a lo que habían pasado años atrás, es decir, al despojo de nuestro territorio, derivado de la presencia de aviones de combate que él había observado.
La respuesta de tío Juan fue directa: busca a Winchester porque tienen el trabajo más importante de sus vidas: defender la tierra de nuestros padres. Se despidieron y tío Juan dijo unas palabras inteligibles pero que por la fonética, Winchester supuso que era lengua Yaqui.
Antes de dejar a tío Juan, le regaló la indumentaria, teguas resistentes, una cuera de piel de venado, con la particularidad de que son térmicas, tibias en invierno y frescas en verano, unas polainas y una pistola que llevaría bien resguardada para cualquier imponderable.
Descendió al amanecer y para el atardecer, una figura, apareció del monte en el cruce de un camino real. Volteó hacia el oriente y observó a otro jinete completamente vestido de negro, e mirada profunda. Con un salto ágil, desmontó y le exclamó a Cimarrón: ¡te estoy esperando desde hace dos días, he tenido sueños muy extraños!.
La frase de hoy:
La expresó el Presidente de la República, AMLO, refiriéndose a los morenistas: ¡si se siguen portando mal, voy a renunciar!










