“Sin novedad en el frente”.
El libro que hoy comentaremos dejo una profundo huella en nuestras lecturas, pues siendo un libro de guerra como nos expresó el Dr. Arturo Meza gano el premio nobel de la paz.
Otros como el viejo y el mar de Hemingway, que nos da a entender que la lucha del ser humano es lograr el objetivo que ha soñado y al capturarse un pez de dimensiones extraordinarias lo tuvo que amarrar a la borda de la embarcación por qué no cabía en esta. Su única meta era que los lugareños vieran el ejemplar. A medida que avanzaba decenas de tiburones mordisqueaban aquel trofeo. En lo personal entendí que así es todo en la vida, cuando alguien llega a poseer un bien, no faltan quienes le tiren de mordiscos.
Este libro nace cuando el incidente de Sarajevo que dio el chispazo para la primera guerra mundial, ya que es asesinado el archiduque Francisco Fernando del imperio austro-húngaro. Era el 28 de junio de 1914 (Wikipedia).
“Sin novedad en el frente” es la cruda realidad de la guerra, pues los daños colaterales son indescriptibles así como sus consecuencias. El libro adquiere el espíritu del autor porque estampar lo que asecha en conflictos bélicos sufre en carne propia el horror.
Se aprecia en reflexiones en trincheras del frente de combate. Hay capítulos que hablan con una verdad absoluta: los más puros conceptos de patria se convierten en la idea fija de retornar a sus hogares y salvar sus vidas.
Toma nota de los diálogos de soldados en las tumbas donde se preguntan: ¿porque debo ir a matar a alguien que no conozco? Quizá sea un análisis demasiado lógico pero un ruso porque va a matar a un estadounidense o viceversa?
Otro decía: “las guerras deberían ser como grandes carnavales en un estadio muy grande, con bandas musicales y globos y que allí se enfrentaran los pinches generales que400 o 500 kilómetros al frente de batalla comen caviar y beben champaña, ver los caballos con sus vísceras enredadas en los cañones que tiraban pues no había los avances tecnológicos de hoy en día”.
Tragarse la impotencia de no levantarle la voz a un sargento que para desahogar sus complejos los ponía a limpiar los retretes con cepillos de dientes.
El autor entra a lo dramático cuando relata que se encuentran dos soldados de bandos diferentes. Los dos son sajones, se observan pero no pueden entenderse porque no hablan el mismo idioma. Uno de ellos mete la mano a la guerrera y el otro clava la bayoneta en su pecho. Lo único que quería hacer el ejecutado era enseñarle una fotografía de su esposa e hijos.
Eris Maria Remarke a su paso por Montecarlo probo suerte en un casino y penetro al casino y la suerte le sonrió ganando una fortuna, con ese recurso edito “sin novedad en el frente” ganando el premio nobel.
Posteriormente hizo un segundo libro llamado “el regreso”. No tuvo el mismo éxito como el anterior pero tiene un mensaje de uno de los grandes daños colaterales de la guerra: al llegar a la acera de su casa observo que el faro ya no se encontraba. Cuando fue al café le informaron que dos de sus amigos habían muerto. ¿Para qué regresar?
El final del libro primero, sin novedad en el frente termina palabras más palabras menos con lo siguiente: “Se dirigía a su patria, ya se había firmado el armisticio. Pero una bala perdida penetro en el cuerpo del combatiente. Cayó con la mirada al cielo y sus brazos en cruz. Pareciera que estuviera diciendo: vengan los días, los meses y los años. Ya nada nos pueden quitar, ya nada nos pueden robar. La vida que nos ha arrastrado por todos estos años late aun en nuestros pulsos y en nuestros ojos, pero esto que se llama el yo y que siga palpitando dentro de nosotros habrá de buscarse sus garroteros.
El parte del cuartel del oriente después de una marcha triunfal se dejó escuchar:
“SIN NOVEDAD EN EL FRENTE”.










